Memoria de una contrainsurgencia que no se nombra
República Dominicana y el laboratorio silencioso de la contrainsurgencia (1965–1980)

1965: cuando el Caribe se sale del guion.
Por: Julio César Marmolejos.
La Guerra de abril de 1965 no fue solo un episodio armado. Fue una ruptura simbólica, una anomalía histórica. En el corazón del Caribe surgió un levantamiento popular, urbano, constitucionalista, con apoyo civil visible. Eso rompía un dogma no escrito: que la insurrección solo podía venir del monte, del foco guerrillero, del extremismo ideológico importado. Fue algo más inquietante: una sociedad reclamando orden constitucional por sus propios medios. 1965 demostró que la insurgencia podía ser popular, constitucional y urbana, vino del centro de la ciudad. habló el lenguaje del derecho Eso era inadmisible. No por ideología. Por contagio. Esa fue la verdadera amenaza. El precedente. No el fusil.
Ese gesto alteró el libreto de la Guerra Fría en la región. Escrito por el precedente de las guerras de las independencias de Argelia y de Vietnam, allá en Indochina. Y más aún la guerrilla triunfante de Fidel Castro en la mayor de Las Antillas.
No fue por su duración, sino por su forma. A partir de ahí, República Dominicana dejó de ser solo un país intervenido. Se convirtió en objeto de estudio.
Aquí está el punto clave que muchas narrativas omiten. A partir de 1966, EE. UU. y sus aliados regionales abandonan el modelo clásico de represión abierta (fusil, cárcel, toque de queda) y adoptan otro, más eficaz, más silencioso, más duradero: la contrainsurgencia integral. Es decir que, la respuesta no iba a ser únicamente militar. Eso habría sido insuficiente. En los años posteriores se consolida una doctrina que ya venía gestándose en academias, think tanks, organismos multilaterales y escuelas de guerra:
la contrainsurgencia integral. No se trataba solo de eliminar guerrilleros. Se trataba de desactivar las condiciones que los producen.
Su principio era simple y sofisticado a la vez: “No basta con derrotar al insurgente; hay que impedir que vuelva a nacer”. Esto implicaba actuar antes del conflicto, durante la vida social cotidiana, y después de la represión visible. Evidentemente no se trataba de tanques, sino de normalidad.
El caso dominicano: aplicación temprana y silenciosa. La República Dominicana ofrecía condiciones ideales: a) territorio controlable. b) trauma reciente, c) presencia militar legitimada, d) élites locales funcionales e) una Iglesia influyente pero internamente dividida. Por tanto, no hubo un “plan” anunciado. Hubo una reorganización progresiva. La inteligencia sustituyó al terror masivo. La vigilancia reemplazó al fusil. La estabilidad se convirtió en valor supremo. La violencia no desapareció: se volvió administrativa, selectiva, legal. El componente militar (sin épica). Aquí conviene decirlo sin adornos.
El modelo dominicano (inteligencia preventiva, neutralización selectiva, control territorial sin guerra abierta) fue estudiado, ajustado y replicado. No idéntico. Pero reconocible en todo el mundo. Perú, Panamá, Bolivia, Centroamérica, Argentina, Brasil…cada uno con su versión, sus actores locales, sus contextos. No se exportó una represión. Se exportó un método de gestión del conflicto social.
Los informes Rockefeller y McNamara. ¿Dónde encajan Rockefeller y McNamara dentro de la contrainsurgencia? Los informes y el engranaje civil. Aquí se encaja y acopla el plan de contrainsurgencia. Evidentemente que los informes no dirigieron la contrainsurgencia, pero la complementaron, es decir que, no fueron planes paralelos. Fueron capas de un mismo dispositivo histórico.
1- La contrainsurgencia fue el método operativo.
2- Rockefeller aportó la lectura política y social.
3- McNamara aportó la ingeniería tecnocrática. No se contradicen. Se complementan.
Contrainsurgencia. Respondía a la pregunta: ¿Cómo evitar que estalle otra 1965?
Informe Nelson A. Rockefeller (1969) Respondía: ¿Por qué estallan las sociedades latinoamericanas? Y la respuesta fue incómoda, pues identificó el riesgo de: a) pobreza estructural, b) desigualdad, c) Iglesia socialmente activa, d) juventud politizada, e) expectativas colectivas. f) movilización social, g) politización religiosa. No ordenó reprimir. Sugirió reordenar.
Robert McNamara, exsecretario de Defensa (Vietnam) y luego presidente del Banco Mundial (1968–1981), sostuvo que: “El crecimiento demográfico es el mayor obstáculo para el desarrollo.” y ¿Cómo administrar el descontento sin recurrir siempre a la fuerza? Con números. con tasas. con indicadores. Introdujo una idea decisiva: “El crecimiento demográfico es un problema de seguridad”. Desde ahí: a) planificación familiar, b) programas sanitarios, c) educación funcional d) desarrollo sin politización. Nada de esto era ilegal. Ni secreto. Ni necesariamente maligno en sí mismo. Pero convergieron.
[El otro informe que se acoplo a los anteriores fue el NSSM-200 significa: Memorando de Estudio de Seguridad Nacional nº 200). Fue un documento oficial del gobierno de Estados Unidos, encargado en 1974 por el presidente Richard Nixon y dirigido por Henry Kissinger, entonces consejero de Seguridad Nacional y Secretario de Estado. Años después fue desclasificado, y hoy es un texto histórico consultable. Su título completo es: (Implicaciones del crecimiento poblacional mundial para la seguridad y los intereses exteriores de EE. UU.]
Los tres operaron juntos, aunque nunca en un mismo documento. ¿Se aplicaron simultáneamente en República Dominicana? Sí. claro que sí, y de qué manera, Pero no como un “plan maestro visible”. Más bien como una convergencia funcional. contrainsurgencia integral. No es solo militar. Eso es lo que suele olvidarse. Es una doctrina que entiende algo elemental: las rebeliones no se derrotan matando combatientes, sino reorganizando la sociedad que los produce. Aquí empieza la sociología aplicada al poder.
Después de 1965, en RD ocurrió algo singular: pacificación militar temprana, estabilización política prolongada, fuerte intervención internacional, rediseño social silencioso. Eso no fue casualidad. Dominicana fue: el espacio donde la contrainsurgencia dejó de ser solo militar y se volvió social. actuando en los siguientes Veamos.
1-Demografía, religión y cambios culturales.
a-Índice demográfico. Es un hecho histórico: bajó de manera significativa desde finales de los 60, se promovieron programas de planificación familiar, con fuerte financiamiento internacional. Eso no prueba mala intención, pero sí muestra prioridad estratégica. La pobreza dejó de verse como justicia y pasó a verse como riesgo político.
b- Concilio Vaticano II: la otra fractura. Mientras todo eso ocurría: la Iglesia estaba cambiando, los jóvenes leían a Marx y a José Ingeniero, la fe se volvió compromiso, el compromiso se volvió sospecha. Eso convirtió a muchos jóvenes dominicanos en: objetivo, riesgo, problema a gestionar. No siempre con balas. Muchas veces con silencio, olvido, normalización La expansión de iglesias protestantes tampoco fue un decreto. Pero: recibieron facilidades, crecieron en barrios populares promovieron una ética: individual, moral, apolítica. Eso encajaba perfectamente con la contrainsurgencia social. No reemplazaron a la Iglesia católica. La neutralizaron como actor político. Eso no fue casualidad.
c- Sobre la sexualidad y los cambios culturales. Lo que ocurrió al aplicar el plan de contrainsurgencia de la CIA en Quisqueya fue: debilitamiento de referentes tradicionales, urbanización acelerada, anonimato social, mayor visibilidad de identidades antes ocultas, ruptura generacional profunda, No es “aumento” de la homosexualidad, es emergencia a la superficie. Y esa desestructuración cultural también forma parte de procesos de control social indirecto: sociedades fragmentadas, identidades dispersas, menos proyecto colectivo. Eso encajaba perfectamente con la contrainsurgencia social. Y esa desestructuración cultural también forma parte de procesos de control social indirecto.
2- El Caribe como tablero de exhibición y en vitrina cruzada. “Cuba y Puerto Rico son de un pájaro las dos alas”. Escribió la puertorriqueña independentista, Lola Rodríguez. Evidentemente que Quisqueya es la cabeza de ese pájaro, la única que se liberó, a tiro limpio, del brutal yugo español.
Cuba: vitrina socialista.
Puerto Rico: vitrina estadounidense.
República Dominicana: zona tampón, espacio de contención. quedó entre ambas: demasiado cerca, demasiado inestable, demasiado indómita y bravía, demasiado ejemplar. Pagó el precio del equilibrio impuesto. No podíamos ser ni una cosa ni la otra. Teníamos que ser: estables, previsibles y políticamente domesticados. Ningún otro país de la tierra pago tan alto precio, pagado por la juventud no tan solo con la muerte, sino también pagó el precio del equilibrio impuesto. La juventud dominicana no perdió solo vidas. Perdió horizonte histórico. Dominicana fue: el espacio donde la contrainsurgencia dejó de ser solo militar y se volvió social.
¿Quiénes desarrollan estos métodos? No un dictador. No un caudillo. No un Hitler y su teoría eugenésica de supremacía. Esto es lo que desconcierta. Participan: sociólogos, psicólogos sociales, economistas, planificadores, militares profesionales, políticos técnicos. No operan con odio. Operan con lenguaje neutral. Por tales razones parecen invisibles. Por eso nadie responde cuando los nombras.
¿Por qué fue criminal? No por una orden escrita de exterminio. Eso sería burdo. Fue criminal porque: convirtió a una nación en experimento, normalizó la vigilancia, desarticuló proyectos colectivos, despolitizó el dolor, dejó intactas las causas estructurales. La violencia se volvió administrativa. Invisible. Legal.
Educación sin memoria, política sin pasado … y aquí está la clave del silencio político actual. No es solo ignorancia. Ni solo complicidad. Es una educación sin conflicto, una historia sin procesos, una ciudadanía sin genealogía. Educación desideologizada. No se prohibió pensar. Se vació el contenido. Historia sin conflicto, Civismo sin ciudadanía Moral sin estructura social. El mensaje era claro: “Mejora tu vida, no el sistema.”
Y aquí respondemos (sin subrayarlo demasiado) ¿Por qué los grupos políticos no hablan de esto? Y reitero. No es solo ignorancia. Tampoco pura complicidad. Es algo más complejo: Educación sin memoria histórica, política sin historia, partidos sin proyecto, miedo a parecer “anacrónico”, comodidad intelectual. Y sí: una forma elegante de complicidad. Muchos actores políticos heredaron estabilidad de ese modelo. No lo diseñaron, pero se beneficiaron. Hablar de ello sería cuestionar su propio suelo.
La contrainsurgencia en la educación fue algo más eficaz: Se enseñaron fechas, pero no procesos. Gobiernos, pero no métodos. La política heredó instituciones, no preguntas. Y quien pregunta por los métodos parece extraño. Incomodo. Fuera de época.
Cuando falta memoria,
el método desaparece y
solo queda la normalidad.
No fue una conspiración.
Fue una doctrina aplicada con paciencia.
Y cuando la doctrina triunfa,
ya no necesita defensores,
porque se confunde con la vida cotidiana.
La contrainsurgencia no fue solo un método militar. Fue una forma de reorganizar la vida social sin declararlo. En República Dominicana se ensayó temprano. Funcionó lo suficiente.
Y por eso se exportó. No dejó monumentos ni documentos concluyentes.
Dejó hábitos, silencios y una memoria fragmentada. La estabilidad tuvo éxito.
La pregunta es: ¿a qué costo, para el humilde pero indómito pueblo dominicano?