¿Con qué fin nacemos y para qué vivimos?

Esta pregunta nos la hacemos muchas personas en el transcurrir de la vida, y a veces no sabemos responderla por la confusión en nuestra forma de pensar alienada o por diferentes singularidades creadas por las sociedades dominantes.
Entre tantas peculiaridades que nos trae la vida, tenemos el dilema del poder adquisitivo: “vemos personas que lo tienen todo deseando no tener nada y personas que no tienen nada pensando tenerlo todo”. Este dilema es difícil de resolver desde una mirada simple de los fenómenos sociales.
Para seguir intentando responder la interrogante que nos trae hasta acá, debemos realizarnos las siguientes cuestionantes: ¿Quién es el responsable de que el mundo sea complejo? ¿Serán los dioses creados por el hombre, o el que creó al hombre, o serán las energías que lo sostienen?
¿Quién dijo que el mundo es complejo? ¿No será que los humanos, intentando vivir y buscando respuestas a preguntas prefabricadas sobre la vida, hemos dificultado el “ser”? ¿Quién fue el que intrincó la vida, poniéndonos a pensar en qué es bello y qué es feo, qué es malo y qué es bueno?
Nos dividieron en pequeños grupos con la finalidad de crear paradigmas sociales y decirnos para qué nacemos y con qué objetivos debemos vivir, y si no los cumples, pasas de un grupo a otro.
Vivir es fácil; lo difícil es poder soportar la presión social, mecanismo creado con la finalidad de controlar a los entes sociales. Además, con este mecanismo, las personas pueden llegar a hacer cosas solo para cumplir socialmente.
Muchos dicen que vivimos por amor, pero debemos tener claro que los sentimientos en las cuestiones amorosas son diferentes, y por eso nos los clasificaron. ¿Quién dijo que el amor es color de rosa, que debe ser perfecto desde lo espiritual? Muchos dirán que es perfecto porque Dios lo creó; puede ser cierto, pero también puede ser lo contrario.
Seamos autocríticos en las cuestiones de la existencia; planteémonos para qué nacemos y cómo queremos vivir. Pero tengamos claro que los obstáculos sociales existen y que hay personas que van a intentar hacerte creer que estás bien cuando en realidad estás mal, y viceversa.
Por esto, la mejor herramienta para plantearnos objetivos sin tener que depender de los paradigmas sociales creados por entes manipuladores es la autocrítica: criticar nuestro ser y, sobre todo, alejarnos de los prejuicios creados por el hombre