La Reestructuración del PRM: Una Oportunidad para Fortalecer la Democracia Interna

Por: Lic: Roberto Asencio Luciano (Sildito)
La reestructuración de las autoridades del Partido Revolucionario Moderno (PRM) no es simplemente un cambio de nombres o de posiciones dentro de un organigrama; es, en esencia, una oportunidad para renovar la esperanza, fortalecer la institucionalidad interna y reconectar con la base que le dio origen como proyecto político.
Hablar del PRM es hablar de una organización que nació como respuesta a una necesidad histórica de transformación democrática en la República Dominicana. Desde su fundación, el partido ha asumido el compromiso de promover una política más transparente, participativa y cercana a la gente. Sin embargo, como toda estructura humana, necesita revisarse, evaluarse y reestructurarse para no perder su rumbo ni su esencia.
La reestructuración de sus autoridades debe verse como un proceso natural dentro de cualquier organización que aspire a mantenerse vigente y fuerte. Los partidos políticos no pueden permanecer estáticos mientras la sociedad evoluciona. Las nuevas generaciones demandan mayor participación, más apertura y liderazgos que escuchen y representen auténticamente sus inquietudes. En ese sentido, renovar autoridades no significa desplazar trayectorias, sino integrar experiencia con nuevas visiones.
Desde una perspectiva personal, considero que este proceso debe estar guiado por tres principios fundamentales: unidad, meritocracia y compromiso. La unidad es clave para evitar divisiones internas que puedan debilitar el proyecto colectivo. La meritocraciaes necesaria para que quienes asuman posiciones de dirección lo hagan por capacidad, trabajo y liderazgo real, no solo por coyunturas o acuerdos circunstanciales. Y el compromiso debe ser el eje central, porque dirigir un partido implica asumir responsabilidades frente a la militancia y frente al país.
La base del PRM, los dirigentes municipales, los jóvenes, las mujeres, los profesionales y los líderes comunitarios merecen sentirse escuchados y valorados. Una reestructuración que no tome en cuenta a la militancia corre el riesgo de convertirse en un simple trámite formal. En cambio, si el proceso es participativoy transparente, puede convertirse en un motor de fortalecimiento institucional.
También es importante entender que la reestructuración no debe enfocarse únicamente en cargos, sino en visión estratégica. ¿Hacia dónde quiere caminar el partido? ¿Cómo fortalecer su estructura territorial? ¿Cómo garantizar que los principios democráticos internos se respeten? Estas preguntas deben estar en el centro del debate.
Como ciudadano comprometido y como parte activa del pensamiento político nacional, creo firmemente que el PRM tiene la responsabilidad histórica de consolidarse como un partido moderno, institucional y coherente con los valores democráticos que promovió al momento de su creación. La reestructuración de sus autoridades es una oportunidad para reafirmar ese compromiso.
No se trata de competir entre compañeros, sino de construir juntos. No se trata de imponer, sino de consensuar. No se trata de dividir, sino de fortalecer.
La reestructuración del PRM debe ser vista como un proceso de madurez política. Si se maneja con diálogo, respeto y visión de futuro, puede convertirse en un ejemplo de democracia interna para el sistema político dominicano. Porque al final, los partidos no son edificios ni siglas: son personas. Y cuando las personas creen en un proyecto común, cualquier reestructuración se convierte en una oportunidad para crecer.