Las aves, los animales y el murciélago

Fábula de Esopo, adaptada y “aplatanada” a la idiosincrasia dominicana.

Imagen, fuente externa

Por: Julio César Marmolejos

Cuenta la fábula que, hace ya muchos años, las aves y los animales se declararon la guerra. No fue posible acuerdo alguno y, en aquella sangrienta confrontación, murieron muchos de ambos bandos.

En medio del fragor de la lucha, le preguntaron al murciélago —pues era evidente que no quería tomar partido—:

—¿De qué lado está usted, don Murcie?

—Yo soy un ave —contestó airadamente—, ¿no ven que puedo volar?

Pero cuando el bando contrario le hacía la misma pregunta:

—Señor Murcie, señor Murcie, ¿de qué lado está usted?

Molesto, y con una temerosa y fria actitud reflejada en su mirada, respondía:

—¿Y esa pregunta? ¿No ven que tengo dientes bien afilados?

Jajajajajaja… ¡qué pregunta! Vaya usted a ver, qué pregunta… yo ni na’ le diré.

¿No mira mis dientes? ¡Ande, mírelos bien!

Los animales iban ganando la última batalla y el murciélago, siendo un ave y proyectando lo que sucedería, analizando fríamente la situación, decidió pasarse al bando de los animales.

El colibrí, que estaba a su lado, le dijo:

—Murcie, Murcie, no te vayas, no te vayas, ¡coño! Vamos a pelear. ¡Ni un paso atrás!

El murciélago le respondió con desdén:

—Oye quién habla… ta’ pasao. Vete a pelear tú, anda, ve.

Y de manera burlona, aunque aparentemente cariñosa, añadió:

—Chiquindola e inofensiva avecilla…

Cuando las aves estaban a punto de perder la guerra, aparecieron el Águila y el Cóndor de los Andes, cambiando por completo el curso de la batalla. Se proclamó un armisticio. La ONU formó una comisión ad hoc, la cual logró un acuerdo de paz.

Posteriormente, se constituyó un tribunal para juzgar los crímenes de guerra, las atrocidades, las traiciones y otros delitos cometidos por ambos bandos, con el objetivo de evitar en el futuro otro conflicto donde murieran víctimas inocentes en una guerra sin sentido.

Llegó el turno del murciélago.

El tribunal lo condenó, por traidor, a los siguientes castigos irreversibles y de por vida:

a) Volar, pero no ser un ave.

b) Volar siendo un mamífero.

c) Volar, pero no tener plumas.

d) Volar solo en las noches.

e) Volar, pero sin ver ningún objetivo: ciego.

f) Dormir solo de día.                                                                            g) Dormir con la cabeza hacia abajo.

g) No ser amigo ni pariente de ninguna otra ave.

h) Ser un híbrido entre ave y animal.

Moraleja:

No debes tener dos caras cuando llegue el momento de tomar una posición. La fidelidad tiene un valor intangible.                                               “El peor enemigo es el traidor”,  Séneca

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