República Dominicana: el país que normalizó la corrupción

“Hay un país en el mundo colocado en el mismo trayecto del sol, oriundo de la noche, colocado en un inverosímil archipiélago de azúcar y de alcohol”. Pedro Mir
Este país es la República Dominicana, marcado por una dictadura de treinta años y por gobiernos que terminaron con jóvenes prominentes de sus épocas, por el simple hecho de oponerse a la manera irracional de gobernar desde los años 70 hasta la actualidad.
Pero lo más lamentable es que ese hermoso país que describe el poeta don Pedro Mir, en los años 90 década de la industrialización del llamado Tercer Mundo, sus gobernantes decidieron tomar otro rumbo: un camino distinto al desarrollo social y a la mejora del bien colectivo.
Decidieron normalizar la corrupción, la impunidad, la injusticia y el nepotismo a gran escala. Por tal razón, robar los dineros del pueblo se ha convertido en parte esencial de la cotidianidad.
Además, los casos de corrupción de los últimos 20 años superan las buenas acciones que algunos funcionarios hayan podido realizar en igual período de tiempo. Por eso, siempre pienso que las personas incorruptibles no tienen mucho futuro en la política.
Hablar de redes de sobornos que manejaron más de 15 mil millones, de mafias en la lotería, de sobrevaloración de obras del Estado, de quiebras de bancos, cooperativas y otros organismos del sector financiero envueltos en corrupción, se ha vuelto algo “normal”.
Pero ojalá no tengamos que declararle la guerra a ninguna nación o viceversa, ya que en los organismos castrenses también cohabita la corrupción, y estos son precisamente los que nos deben defender de cualquier amenaza.
Propongo, de forma sarcástica, al Ministerio de Educación de la República Dominicana introducir en su currícula la asignatura “Cómo ser un político corrupto” o “Cómo ser un dominicano corrupto exitoso”. Porque, al ritmo que vamos, pronto tendremos la corrupción como especialidad en las universidades.