Anatomía de una vulnerabilidad: ¿Por qué las patrullas mixtas fallan en el terreno?

Por: Harlemt Martinez Penso.
El reciente y alarmante asalto perpetrado en la comunidad de La Noriega, al sur de Santiago, ha dejado al descubierto una grieta profunda en las estrategias de seguridad ciudadana en la República Dominicana. El desarme de una patrulla compuesta por un miembro de la Policía Nacional y un efectivo del Ejército de República Dominicana no es solo un hecho delictivo audaz; es el síntoma inequívoco de un problema estructural: la incompatibilidad operativa de dos mundos institucionales obligados a patrullar juntos.
Las patrullas mixtas se conciben desde el poder político como un golpe de efecto, una demostración de fuerza bruta en las calles. Sin embargo, en la práctica, la unión de un policía y un militar carece del acoplamiento táctico y la cohesión de equipo que se requiere para enfrentar a la delincuencia organizada moderna.
La raíz de la falta de acoplamiento se encuentra en el origen de su formación. El miembro de la Policía Nacional está (o debería estar) entrenado en la doctrina de la seguridad ciudadana y el orden público. Su enfoque teórico se basa en el contacto comunitario, la prevención del delito, el uso progresivo de la fuerza y la mediación del conflicto. Su «tacto» es, por naturaleza, civilista y de proximidad.
Por el contrario, el miembro del Ejército se rige por una doctrina estrictamente militar.
Su disciplina está diseñada para la defensa de la soberanía nacional, el combate en escenarios de guerra y la neutralización de un enemigo definido. El soldado no está formado para el «tacto» urbano ni para discernir las dinámicas delictivas de un barrio; está entrenado para seguir órdenes jerárquicas rígidas en teatros de operaciones de alta intensidad, no para interactuar con la cotidianidad civil.
Esta disparidad de formación genera un cortocircuito en el terreno. Mientras el policía posee la «malicia» y el conocimiento del ecosistema de la calle, identificando perfiles sospechosos y dinámicas de su cuadrante, muchas veces carece de la rigurosidad y la disciplina táctica de un cuerpo militarizado.
El militar, aunque posee una disciplina férrea en formación y cadena de mando, carece por completo del tacto policial. Al verse insertado en una labor de patrullaje urbano, el soldado suele oscilar entre dos extremos peligrosos: la inacción por desconocimiento de sus límites legales, o el exceso de fuerza por aplicar la rigidez militar en un contexto civil.
El asalto en La Noriega evidencia que dos individuos con uniformes distintos no forman un «equipo» por el simple hecho de compartir una motocicleta. Un equipo policial efectivo se basa en la confianza ciega, las horas de entrenamiento conjunto y un lenguaje táctico estandarizado. Saben quién cubre la retaguardia, quién interviene, cómo se realiza una aproximación segura y cómo se reacciona bajo fuego.
En las patrullas mixtas, este acoplamiento es casi inexistente:
• Falta de entrenamiento cruzado: Raras veces entrenan escenarios de emboscada o desarme bajo una misma doctrina.
• Fallas de comunicación: Operan bajo lógicas institucionales distintas y, a menudo, ven la autoridad del otro con recelo.
• Ineficacia en binomio: Al no existir una compenetración real, se convierten en dos individuos aislados compartiendo un mismo espacio físico. Los delincuentes, que sí actúan con roles coordinados y velocidad letal, detectan esta falta de sincronía de inmediato.
E
Utilizar al Ejército como un bastón permanente de la Policía Nacional es reconocer implícitamente que la reforma policial es insuficiente y que el cuerpo del orden no da abasto. El suceso de Santiago debe servir como una seria advertencia.
La seguridad ciudadana no se resuelve mezclando uniformes de diferentes colores para impresionar en las avenidas. Exige patrullas homogéneas, compuestas por agentes policiales debidamente entrenados, bien equipados y con un nivel de acoplamiento táctico que les permita proteger la vida de los ciudadanos sin perder, en el intento, su propia dignidad y sus armas de reglamento.