Bajo el manto blanco: El secreto que la cal no pudo disolver

Por: Harlemt Martinez Penso.
El hallazgo del cuerpo sin vida de Albert de Jesús Aracena Núñez, desaparecido durante 21 días, marca un trágico y alarmante precedente en los métodos de ocultamiento de cadáveres en la República Dominicana. El cuerpo sin vida del joven fue localizado en una zona boscosa de la comunidad La Chancleta, en Los Cocos, Moca, sumergido en una gran cantidad de cal química. Esta técnica se utilizó con el objetivo deliberado de neutralizar los gases de la descomposición y evitar que el hedor alertara a los residentes de las zonas colindantes.
Tras una angustiosa e incesante búsqueda que se extendió por tres semanas, miembros de la Dirección Central de Investigación (DICRIM) y autoridades forenses localizaron el pasado martes el cuerpo sin vida de Albert de Jesús Aracena Núñez, de 32 años de edad. El hallazgo no solo pone un fin trágico a la incertidumbre de sus familiares, sino que introduce una preocupante y sofisticada modalidad criminal en el plano local: el uso masivo de cal para alterar la escena del crimen y burlar los rastreos vecinales.
El joven desapareció el pasado 4 de agosto tras salir de su residencia con rumbo a un centro recreativo con piscina en la comunidad de La Guama, en el municipio Cayetano Germosén donde las cámaras de seguridad del establecimiento comercial captaron el momento en que se retiraba del lugar. Desde entonces, su paradero se convirtió en un misterio absoluto. Durante el proceso, surgieron diversas acusaciones y conjeturas públicas en redes sociales sobre supuestas conductas de la víctima, las cuales fueron desmentidas categóricamente por su hermana, quien defendió su memoria describiéndolo como un ciudadano pacífico.
Lo que ha causado mayor conmoción entre las autoridades policiales y los peritos forenses es el método empleado por los autores del crimen para ocultar el cadáver. El cuerpo de Albert de Jesús fue encontrado sumergido en abundantes capas de cal de construcción (hidróxido de calcio).
Esta estrategia criminal buscaba tapar por completo la fosa o el área de depósito para absorber los líquidos cadavéricos y mitigar el hedor derivado de la descomposición orgánica natural. Al retrasar la propagación de los gases y olores característicos, los delincuentes consiguieron mantener el cuerpo oculto durante 21 días, impidiendo que los moradores del área o los caninos de búsqueda detectaran el rastro de muerte en menor tiempo.
Popularmente existe el mito criminal de que la cal «disuelve» o «desaparece» un cuerpo con rapidez. Sin embargo, la ciencia forense demuestra lo contrario.
Los verdaderos efectos fisicoquímicos son:
• Deshidratación extrema: La cal es un agente altamente higroscópico; absorbe la humedad con rapidez de los tejidos corporales.
• Momificación artificial: Al privar al cadáver de agua, frena temporalmente la proliferación de las bacterias de la putrefacción (las cuales necesitan un ambiente húmedo). En lugar de destruir el cuerpo, a menudo preserva la piel y los tejidos internos en un estado de momificación seca.
• Preservación de evidencia: Paradójicamente para los criminales, este proceso de conservación puede proteger tejidos celulares, marcas de violencia física, heridas de armas, o material genético (ADN) que facilitan la identificación forense y la autopsia.
Esta práctica evoca algunos de los crímenes más oscuros de las bitácoras forenses globales. Uno de los casos históricos y mediáticos más documentados donde se utilizó cal ocurrió en España durante los años 80, con el secuestro y asesinato de los jóvenes Lasa y Zabala por parte de los Grupos Antiterroristas de Liberación (GAL).
Los cuerpos de ambos fueron enterrados en una fosa en una zona boscosa de Busot (Alicante) y cubiertos enteramente con cal viva. A pesar de los años transcurridos, el efecto deshidratante de la sustancia preservó los restos óseos y estructuras tisulares clave, permitiendo su plena identificación e investigación judicial más de una década después.
Como afirmaba el célebre criminólogo Edmond Locard:«Tiempo que pasa, verdad que huye». Sin embargo, en el complejo escenario del hallazgo del cuerpo de Albert de jesus cubierto con cal, este principio forense encuentra una fascinante paradoja.
Si bien el victimario emplea este químico con la intención criminal de mitigar el hedor de la descomposición y ganar tiempo ocultando el delito, el efecto biológico resultante juega en su contra. En lugar de destruir la evidencia, la cal altera el proceso de putrefacción convencional y propicia una rápida deshidratación del tejido, lo que puede derivar en una momificación artificial del cuerpo.
Lejos de borrar el rastro del crimen, este fenómeno preserva de forma excepcional las condiciones del cadáver, conservando lesiones, signos de agresión y elementos clave para determinar la causa y el mecanismo de muerte. Así, en su intento por silenciar la escena, el agresor paradójicamente sella y protege los mismos detalles criminalísticos que más tarde servirán para su propia identificación y condena.